miércoles, 19 de julio de 2017

Review de Jesus Camp. ¿Adoctrinamiento infantil o educación religiosa?


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Por José Miguel Cuevas. Doctor en Psicología Social. Profesor en Universidad de Málaga (Spain). Experto en sectas y adicciones .
Jesus Camp, film documental dirigido por Heidi Ewing y Rachel Grady, fue nominado al Óscar en el año 2006. Sigue estando de plena actualidad y resulta todo un ejercicio de reflexión, que ayuda a comprender cómo, por ejemplo, Donald Trump ha podido ser elegido presidente de Estados Unidos.
El film presenta una muestra directa de lo que ocurre en los campamentos de verano de la iglesia pentecostal carismática KIMI (Kids in MInistry International), en Dakota Norte. Aunque se aboga por evitar comentarios en off -críticos o favorables-, en favor de las voces de los protagonistas (favorables y críticos), las imágenes y el magistral montaje ofrecen una lectura directa, sin artificios, sobre el proselitismo y el desarrollo del fanatismo religioso.
En los campamentos de verano se llama literalmente a la guerra, induciendo a los menores la semilla del odio y la actitud combativa hostil contra todo lo diferente a sus doctrinas. En este sentido, los entrenadores, como la directora del campamento, Becky Fischer, justifican su acción como una respuesta justa y necesaria ante el supuesto adoctrinamiento hostil de la religión islámica, generalizando, como si fuera norma, la existencia del adoctrinamiento yihadista. De una forma u otra, más allá de la “guerra religiosa”, se combaten múltiples “males demoniacospor parte de la KIMI, haciendo que menores de doce años participen activamente contra la homosexualidad, el aborto, el baile, la teoría de la evolución, el calentamiento global (para ellos es “un cuento”), la música no cristiana, Harry Potter, o incluso el partido demócrata.
Bajo la sombra de una supuesta libertad religiosa e ideológica, en los campamentos se ridiculizan conocimientos científicos y políticas liberales, empleando para ello pedagogías interactivas y participativas. En el campamento, los futuros miembros pentecostales son entrenados en oratoria, dándoles argumentos divertidos, contundentes (al menos para menores o para el gran público), a la vez que falaces; también se recurre al miedo, a mofarse del pensamiento divergente u otras estrategias persuasivas. También hay tiempo de entrenar los debates y discursos religiosos, tanto internamente como incluso en los momentos en que hacen salidas.
En Jesus Camp, en vez de la salida estrella al Parque Acuático, se opta por acudir a actos de protesta contra hospitales abortistas; la habitual visita de un deportista famoso se sustituye por la de un carismático líder pentecostal o bien, por la de la figura de cartón -a tamaño real- del presidente “George W. Bush”, recibida entre vítores. Se reza para que George W. Bush continúe su mandato y que lo haga con mano firme, escogiendo “jueces justos” que condenen el aborto. La politización del campamento llega a extremos sospechosos cuando incluso el predicador de la Iglesia New Life Church, Ted Haggard, resaltaba el gran poder de influencia y el pensamiento unificado de la comunidad evangélica, admitiendo la capacidad que podían llegar a tener, de incluso decidir qué presidente debía de ser erigido. Afirmación que pone en duda la supuesta independencia entre religión y política. De hecho, apoyar a candidatos políticos supuestamente conlleva la rescisión de la exención del pago de impuestos, a la cual tienen derecho las entidades religiosas estadounidenses. Curiosamente, poco después, en noviembre del año 2006, Ted Haggard renunció, o fue destituido, de los puestos de dirección de su iglesia después de admitir que consumió drogas y prostitución homosexual, por las cuales recibiría “tratamiento intensivo”.
En los campamentos de verano de Becky Fischer enseñan a ser un religioso pentecostal carismático modélico: cómo hacer la imposición de manos, cómo hablar en lenguas (tienen la creencia de poder conectar con la divinidad, hablando supuestamente la lengua primigenia, emitiendo para ello sonidos ininteligibles repetitivos en situaciones de alta sugestionabilidad e histeria colectiva); indicando qué contenidos son aceptables o criticables, cómo “reconocer” y alejarse del demonio en la sociedad y en general, a adoptar los ritos y costumbres según sus principios doctrinales.  
Muchos espectadores identifican que el procedimiento invasivo y a tan temprana edad, supone una grave vulneración de los derechos básicos de los menores, impidiéndoles un desarrollo normalizado de su libertad personal, ideológica e incluso política, tal como lo plasma  Mike Papantonio en la Air America Radio. El locutor y abogado expresa su opinión, recogiéndose el debate entre éste y la predicadora Becky Fischer. Igualmente, resulta especialmente preocupante la intromisión en los contenidos curriculares escolares, en tanto que, no sólo ponen en duda, sino que ridiculizan, distintas evidencias científicas básicas en la educación obligatoria; las cuales no presentan a día de hoy discusión alguna, salvo para las personas fanatizadas.
En Estados Unidos en la actualidad se presenta un nuevo analfabetismo científico por parte un importante porcentaje de la población general, que está convencida del “Creacionismo” (que sostiene entre otras cosas que el mundo tiene menos de diez mil años de antigüedad, que la evolución no existe, que las especies se crearon tal cual son en la actualidad y que por ejemplo, los dinosaurios convivieron con los seres humanos, extinguiéndose en el Diluvio Universal), de la inexistencia del Cambio Climático (o que éste no está causado por los seres humanos), o la peligrosa corriente negacionista de las vacunas, que introduce falsos temores respecto a los supuestos peligros de estos eficaces tratamientos preventivos.
También Donald Trump ha mostrado repetitivamente su apoyo a distintos activistas antivacunas, sosteniendo la falsa relación entre vacunas-autismo, o apoyando al activista Robert Kennedy, al que le habría pedido liderar una comisión gubernamental que se encargue de velar por la seguridad de las campañas de inmunización. La falsa relación entre vacunas y autismo proviene del timo que orquestó Jeremy Andrew Wakefied en 1998, realizando falsos estudios. En el año 2010 se desveló el fraude y la mala praxis. El Consejo Médico General concluyó que actúo “deshonesta e irresponsablemente”, “mostrando un cruel desprecio por el sufrimiento de niños y jóvenes”, “abusando de su posición de confianza” y “provocando el descrédito de la profesión médica”.  En el año 2012 hubo un resurgimiento del sarampión en este país, el cual se atribuye a las acciones propagandísticas del movimiento antivacuna.
En conclusión, el film abre múltiples puntos de debate y de crítica social y religiosa, en un reportaje entretenido y sin filtros, mostrando la actuación de las mega iglesias y del adoctrinamiento masivo que se produce en determinadas comunidades religiosas.  Si hace décadas comenzó la moda de los centros comerciales, en la actualidad algunas iglesias han sabido adaptarse a estos gustos. Así, hay quien pasa los fines de semana en mega estructuras religiosas para toda la familia. Conjugando ocio y religión y según cuál, quizá también adoctrinamiento y fanatización.

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